Reflexiones

Los deseos que no elegí

Lanzo dos preguntas al aire:

¿Nuestros deseos nos hacen esclavos o libres?

¿Nos escogen o los escogemos?

Hace un tiempo, no tanto, fui consciente de que vivía en un arduo enfrentamiento con mis deseos. Lo que deseaba no parecía ni fácil, ni lo mejor, ni siquiera claro. Realmente, no creo que fuese problema de los deseos en sí, sino que vivían mezclados con muchas otras cosas: necesidades no cubiertas, circunstancias complicadas, ejemplos de deseos estandarizados que se supone que yo también debía querer y una lucha contra mi propia sombra (parte menos aceptada de uno mismo).

Pero los deseos en sí, esas cosas que uno anhela… ¿qué son en realidad?

Pues mira, yo creo que despojados de luchas interiores, los deseos no son más que parte de nuestra naturaleza. Es más, no solo me parecen esenciales por una cuestión natural sino que, seguramente, son lo único que da sentido a nuestra vida. Toda la vida es sueño, toda la vida deseo.

Visto esto, ¡qué maravilla! Ahora solo queda moldear los deseos a nuestro antojo para construir la vida perfecta. Pero si los deseos se pueden construir: ¿por qué tanta gente falla en sus resultados? ¿Por qué tanta gente vive tan lejos de cumplirlos? ¿Por qué tanta insatisfacción? Y si no se pueden construir… ¿se pueden eliminar de forma voluntaria? Si la energía ni se crea ni si destruye, difícil lo tenemos.

No se pueden ficcionar los deseos creándolos con la pura lógica de la razón, ni se pueden eliminar con el sobresfuerzo de la negación.

Los deseos solo pueden ser escuchados y de cada uno depende, eso sí, darles una buena salida, creativa y positiva para uno mismo y el entorno. Para resumir, algo así como “no somos libres en nuestros deseos, pero sí en la manera en que les hacemos frente”.

Yo no elegí la mayoría de deseos que tengo. Alguien lo hizo por mí. ¿Fueron mis padres, mis profesores, el clima, el imaginario colectivo, mis circunstancias, los traumas vividos, el contexto económico-social, mis ídolos, el Universo, dios? La verdad, es que no lo sé.

De pequeña, mi mayor deseo la paz mundial y que todo el mundo fuese feliz. Lo deseaba de verdad, no por la obligación de ponerlo en una redacción para el colegio. Yo no lo escogía, venía a mí. Solo tenía que observarme un poco. Y ahí estaba, alguien lo había dejado dentro de mí en el mismo momento de mi concepción o incluso antes. Otro deseo que me ha acompañado siempre es el de aprender. De pequeña pedía a mi madre ir al colegio incluso antes de la edad reglamentaria por entonces (asociaba ir a la escuela con aprender) y siempre sentí admiración (y también amor) por aquellas personas que concibo inteligentes o sabias.

Hoy en día me veo deseando muchas más cosas: las hay más ridículas y las hay más elevadas y he aprendido que las primeras pueden tener tanto peso como las segundas y que no hay nada de malo en desear cosas un tanto triviales (por fin he superado una de mis luchas interiores).

Así planteadas las cosas, nuestra vida no es más que una justificación razonada de por qué hacemos esto o lo otro cuando, en realidad, el deseo navega a un nivel más profundo. Nuestra libertad solo se circunscribe a parte de los pensamientos (a los conscientes) y a las acciones derivadas de los mismos. Que no es poco. Pero tampoco es tanto como creemos o como quisiéramos.

El deseo es como ese amor hacia alguien que no eliges o como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar.

Después de todo esto, mi conclusión es que los deseos nos hacen libres si sabemos hacer un trabajo importante, el más importante de hecho: separar la paja del grano (escuchar nuestros anhelos fundamentales y no todo el ruido alrededor) y no luchar contra la propia naturaleza de las cosas (por ejemplo, aprendiendo a gestionar el apego).

Nuestra libertad, en la práctica, no es más que el grado de consciencia que tenemos sobre la realidad. Por tanto, será tanto más elevada cuanto más lo sea la consciencia de nosotros mismos y de lo que nos rodea.

Explora tus deseos, están ahí para que los mimes y los cumplas: recuerda que, al fin y al cabo, ellos estaban antes.

  • Si te ha gustado esta entrada, te invito a leer esta sobre el filósofo Spinoza y sus pensamientos respecto del deseo.

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