Filosofía

La alegría, la tristeza y Spinoza

Entender las emociones y su porqué, como bien sabéis los que os habéis pasado por el blog más de una vez, es una de mis fascinaciones. Las explicaciones que he encontrado desde el punto de vista de la psicología no me han dejado libre del hambre de respuestas que buscaba. Quizás porque me resultan definiciones demasiado académicas. En cambio, hay algo en la filosofía que me da consuelo a este respecto. Uno de los filósofos a los que ya he recurrido en este blog es Baruch Spinoza (1).

Spinoza habla de dos estados de ánimo principales:

– la alegría

– y la tristeza.

Antes de adentrarnos en ellos me gustaría aclarar que, como escribí en un post anterior, Spinoza entiende que la esencia del ser humano es la potencia: un deseo de crecer, de mejorar en lo que se es, de recrearse a uno mismo. Lo que sucede es que este deseo puede surgir de ideas adecuadas o ideas inadecuadas según los grados de conocimiento. Y sucede también que las personas, según este filósofo, tendemos a tener ideas inadecuadas de las cosas debido a que imaginamos más que entendemos. Vamos, que muchas veces sabemos que queremos algo y el efecto que provoca en nosotros, pero no la causa profunda, el porqué. Este desconocimiento puede provocar una gran confusión y conflictos internos.

¿Cómo resolver esto? Del siguiente modo: si nos movemos a través de la razón y la intuición llegaremos a un elevado entendimiento de las cosas, nos distanciaremos de ellas y, por tanto, nos sentiremos más libres y activos. Pero, como decía, acontece de forma habitual que no entendemos de forma adecuada nuestros deseos por lo que se acaban convirtiendo en pasiones (por pasiones entiende Spinoza aquello que nos hace pasivos).

Si pudieras elegir, ¿prefieres ser activo o pasivo? ¿Activo o reactivo? ¿Cuál de las dos opciones crees que te deja más libre? Ser pasivo y reactivo quizás es más cómodo, pero desde luego no es el camino a la libertad.

Bien, pero sucede que no estamos solos en el mundo sino en contacto continuo con otros cuerpos (personas, cosas, situaciones, etc.). De modo que, casi sin quererlo, nos vemos abocados a que nuestra potencia se vea afectada por causas externas, es decir: somos sujetos pasivos en nuestra cotidianidad de forma habitual. Sucede que en estos encuentros, nuestra potencia puede aumentar o disminuir. ¿Qué sucede si aumenta? Que sentimos alegría. ¿Y si disminuye? Tristeza.

Ahondemos un poco más en este punto. Si se produce un encuentro con un cuerpo que no conviene a nuestra naturaleza, lo que sucede es que este cuerpo  sustrae a nuestra potencia y nos aleja de nuestra perfección. La consecuencia es que nos volvemos tristes y padecemos.

Si, por el contrario, el cuerpo con el que interactuamos nos conviene y suma se compone con nuestra naturaleza. En ese encuentro sentiremos alegría al ver nuestra potencia aumentar y tenderemos a la acción.

Realmente, manejar estos conceptos con sabiduría a través de la propia experiencia nos lleva a un alto grado de conocimiento propio y del mundo que nos rodea.

Lo que debería de hacer un hombre/mujer sabio es moderar las pasiones porque nos hacen dependientes.

Si las pasiones son inevitables, al menos hay algo que está en nuestras manos hacer: inclinarnos hacia las positivas, hacia las que suman, las que componen, las que nos mantienen alegres y activos.

Haré un breve resumen de la idea que, con todo esto, quiero transmitir en este post:

Conócete a ti mismo a través de tus deseos distanciándote suficientemente de ellos para que te ayuden a construir en vez de ser víctima de los mismos. Elije el camino de la acción en vez de el de la pasividad. Y si no puedes evitar ser pasivo, elije, al menos, la pasividad alegre porque es la que te devolverá a la actividad. El camino de la alegría es el camino del amor, por lo tanto es bueno para nosotros y para los demás pues el hombre sabio entiende que el bien propio es también el bien común y no se trata de robarle un trozo de tarta al otro sino de hacer una tarta más grande para todos.

El hombre sabio entiende que el bien propio es también el bien común y no se trata de robarle un trozo de tarta al otro sino de hacer una tarta más grande para todos.

(1) Puedes leer también mi post sobre El deseo y Spinoza

> Más info sobre las pasiones y Spinoza en este blog

Fuente principal:  Ética demostrada según el orden geométrico de Baruch Spinoza

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