Reflexiones

¿Por qué no adaptarse y sí transformarse?

Siempre se me ha dado bastante mal adaptarme. Acepto este hecho como un regalo divino aunque para muchos pueda suponer una maldición. Hay personas que se adaptan muy fácilmente (o más o menos fácilmente) a las cosas y son felices así. Aceptando realidades y encajando en las formas. Si la vida te da un cuadrado, ellos se ponen cuadrados. Pero no hay manera de que mi triángulo entre en un cuadrado, y no es que no lo haya intentado, es que ser un triángulo me hace más feliz que convertirme en cuadrado. Me explico.

Es un pensamiento que tengo en mi cabeza desde hace tiempo y a raíz del confinamiento por causa del coronavirus  — Covid-19 — ha cogido fuerzas para salir. He visto como me preocupa la posibilidad de que la gente se adapte a esta situación de cuarentena, miedo y control. No desde el punto de vista de aceptar ciertos cambios por seguridad, sino por el peligro de que, a través de una paulatina adaptación, se robe lo más sagrado: la libertad y la esencia individual.

Voy a ser así de franca: creo que muchos de los grandes males sufridos a nivel individual y colectivo se deben a la adaptación como modo de supervivencia cómodo y automático.

Si te diesen diez latigazos al día, quizás por supervivencia (psicológica o incluso física para no llevar más) acabes aceptándolo. Te adaptas y esperas recibir esos diez latigazos todos los días con paciente resignación. Quizás después de mucho tiempo, si un día no te los dan, dices “Ey, ¿qué he hecho mal para no merecer mis diez latigazos?”

Por mi parte, sin embargo, no puedo dejar de verme a mí misma apretando los dientes de rabia y diciendo “Jamás aceptaré esto como algo normal” y poniendo mi cabeza a trabajar todos los días para salir de esa situación cuanto antes. Estoy llevando las cosas a un extremo, pero hay muchos detalles cotidianos que podrían servir de ejemplo. Hay personas capaces de aceptar lo que no quieren como si no hubiese alternativa y no como un caso excepcional o puntual, sino como un modo de vida.

Por eso ante una crisis, un cambio o una situación en la que, al menos de manera provisional no se atisba una solución, no propongo la adaptación, sino la transformación.

Porque para mí adaptarse es eso… ver lo que hay y encajar. Es un triángulo que a fuerza de meterse en un cuadrado porque no encuentra otro lugar,  va cogiendo forma cuadrada. Pero la transformación va más allá.

La transformación parte de la consciencia de las posibilidades del propio individuo frente a los cambios. Es un triángulo que ve el cuadrado y entonces, quizás por un tiempo, decide cambiar a forma cuadrada. Pero no deja de olvidar que es un triángulo y empuja, dentro del cuadrado, sus puntas hacia los extremos haciendo que el cuadrado también se expanda y le deje más espacio a su forma natural. Incluso puede que al final cuente con espacio suficiente y pueda ser un triángulo dentro de un cuadrado. Es más, puede que acabe descubriendo que había una forma triangular más allá y que ya no tiene que quedarse ya en ese maldito cuadrado, que puede saltar a su forma natural. O quizás aparezca una forma de estrella y pueda encajar mejor sus puntas ahí que en entre cuatro lados.  

Así que ese discurso darwinista acerca de que sobrevive quien mejor se adapta hay que cogerlo con pinzas. La complejidad es amplia cuando hablamos de seres humanos ya que sobrevivir es hacerse también la siguiente pregunta: ¿en qué condiciones?, ¿cuál es el precio a pagar? En realidad, no trato de delimitar el significado de las palabras, solo trato de exponer una idea y pongo nombres (no importa tanto si unos u otros) para transmitirla.

De modo que, bajo mi punto de vista, adaptarse tiene que ver mucho con la resignación y, por el contrario, transformarse tiene que ver con el juego. Y como seres humanos que somos dotados de una maravillosa capacidad intuitiva e imaginación, es nuestro deber y nuestra esencia no dejar de jugar con estos dones. He aquí mi pequeña invitación a ser más libres. Porque la adaptación te limita y la transformación, por el contrario, te expande.

Imagen que ilustra el post: obra de Jacek Yerka

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