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Gestionar emociones y pensamientos. Paso 1: la visión correcta.

En entradas anteriores ya desgrané una serie de ideas para distanciarnos de nuestras emociones y pensamientos.

Las emociones se construyen a través de múltiples fuentes entre las que destacan:

–  la educación recibida,

– nuestra experiencia sensible.

Además de esto, yo sí creo que existe una memoria celular que hace que se puedan «heredar» ciertas emociones (o predisposición emocional) de personas con las que hay un vínculo genético estrecho, como los padres (aunque no se haya tenido contacto con ellos).

En definitiva, las emociones, como todo en la naturaleza, tienen seguramente el fin de conservarnos y protegernos. Pero si no se saben razonar pueden resultar perjudiciales. Sería como el ejemplo del estrés: tiene su función, pero fuera de un contexto de peligro “real” y sostenido en el tiempo acaba siendo dañino.

A esto hay que añadir que socialmente estamos muy condicionados a la hora de desarrollar nuestras emociones. Sin ir más lejos, las comunidades tienen una memoria e imaginación comunes: el llamado imaginario colectivo. De forma casi desapercibida incide en los comportamientos humanos y, por tanto, en las ideas que tenemos de las cosas y los estados de ánimo asociadas a las mismas.

Emociones y pensamientos viven muy entremezclados y no sabría decir cuál viene primero o si depende del caso. Los pensamientos están claramente influidos por la educación y la cultura. Superficialmente son más fáciles de trabajar que las emociones, pero si nos adentramos en el  subconsciente… Ahí ya nos metemos en terreno pantanoso.

Bien, mi objetivo con estos post explicativos acerca de emociones y pensamientos es dar algunas claves para su entendimiento y gestión. Son cosas que en su momento me inspiraron a mí. No pretenden ser verdades absolutas ni solución para todo ni todos. Pero sí considero que invitan a la reflexión y puesta en práctica. Porque sí, lo que ofrezco es un entendimiento que pueda llevarse a la acción.  Tal como creo que cuerpo y mente están unidos, creo que el saber se demuestra a través del hacer y que ambos se apoyan y alimentan a la hora de avanzar en el autoconocimiento.

Hoy hablaré de un primer paso para empezar a “hacer limpieza”. No estoy inventando nada nuevo pues son ideas que aparecen recogidas en el pensamiento budista, el estoico e incluso el chamanismo. Como se puede ver, en diferentes épocas y en diferentes partes de mundo, lo esencial siempre es, misteriosamente, compartido. Y por entonces no existía Internet para que unas ideas saltasen en el espacio-tiempo.

Quiero hablar de la importancia de tener una visión correcta de las cosas como primer paso para hacer una limpieza mental y emocional que sirva como base sólida para construir más cosas.

Pienso lo siguiente:

Los seres humanos somos como niños caprichosos. Lo queremos todo y  lo que es peor, queremos aquello que ni siquiera se puede obtener.

Existe una verdad: todo es perecedero (no sé el universo, pero digamos al menos todo aquello a lo que el ser humano tiene acceso en su vida diaria). Las cosas y nosotros mismos somos perecederos. Las emociones: un día te armas una llorera por un drama y al día siguiente te pasa algo bueno que no te esperabas y todo vuelve a brillar. Los pensamientos: todo el tiempo creyendo una cosa para al final descubrir que no era así. E incluso puede que después de un tiempo te des cuenta de que, en realidad, sí era así, solo que habías perdido el rumbo.

Por tanto:

  • No te aferres a las cosas materiales. Se desgastan, se deshacen,  desaparecen. Es una realidad, acéptala. Lo esencial no pertenece a una cosa concreta, puede estar en mil. El valor no está en la cosa, sino en ti. Llévalo contigo y hazlo crecer donde merezca la pena.
  • Lo mismo con las personas. Van y vienen. Algunas se quedan por un tiempo y otras para toda la vida. Lo que importa es cómo te relaciones con ellas, no el apego.
  • No te empecines en  ideas y juicios. Te puedes pasar la vida defendiendo a tu enemigo sin darte ni cuenta. Deja de desperdiciar tu energía tratando de cambiar el mundo. Está bien que respetes tus principios e ideales, pero si son buenos principios e ideales deberán contemplar que el cambio consiste en la integridad con los propios valores y en cultivar buenas acciones, no en luchar contra el mundo. No pierdas el tiempo convenciendo a los demás de lo que crees, si lo crees de verdad no necesita ser refutado (salvo por tus acciones).

Recuerda lo contaminados que estamos por ideas egoístas basadas en el miedo y como ello influye en la concepción que tenemos de las cosas y las personas llenando de prejuicios nuestros pensamientos y quitando a los demás y a nosotros mismos de una oportunidad pura de pensar y hacer algo diferente de lo esperado. Observa. No te precipites con pensamientos resorte. No te creas lo que te dicen los unos ni lo que te dicen los otros. Discierne. Piensa por ti mismo.

Experimenta tu punto de vista sobre las cosas basándote en estas ideas. Invierte en aquello que te motiva. Estate abierto a aceptar la pérdida y a entender que el mundo es cambiante y todo lo que hay en él también. Experimenta. Experimenta. Experimenta. Y en esa experiencia entiende que solo lo aprendido permanece, no las cosas.

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